EXPEDICIÓN

SOCOMPA - LATITUD EXTREMA (Cruce de los Andes)

Salar de Pocitos (Salta) Antofagasta (Chile)

 

ESTACIÓN CAIPE

Mirador del Salar de Arizaro

Hoy tristemente abandonada deja vestigios de aquellos tiempos de esplendor. El viento, la soledad y una impresionante vista panorámica desde lo alto al Salar de Arizaro exige el paso obligado a los visitantes. Se accede por un camino pavimentado de 5 km. y se asciende dejando la ruta a Socompa abajo apenas visible.

 

MAPA

 


A lo lejos las camionetas comenzaron a subir por el serpenteante camino.

Nosotros nos desviábamos y nos dirigíamos a Estación Caipe para poder tener una visión única del Salar

y continuar la marcha por las vías del ferrocarril como homenaje a aquella gran obra de ingeniería.

 

 

Un triste y corroído cartel informaba que a la derecha distante a 5 km. se encontraba la Estación Caipe.

En efecto allá arriba se la podía observar como también la cicatriz en la montaña de la ruta que ascendía.

De este modo nuestro plan era ganar altura en una corta distancia por ruta pavimentada y evitar el zigzagueante

camino de tierra y calamina que subía en sentido contrario.

 

Unas tumbas recordaban vidas pasadas que la puna arrebató en accidentes.

 

 

El aun conservado pavimento nos brindaba alivio en el ascenso para estirar las piernas luego de la

tarde pasada en Tolar Grande donde no exigimos al cuerpo.

 

Cabe aclarar que el tramo pavimentado comprende desde Estación Caipe hasta Campamento La Casualidad.

Son aproximadamente 70 km. de pavimento en medio de la nada que fueron empleados para facilitar el

traslado de azufre hasta el ferrocarril.

Ahora son otro recuerdo más de los gobiernos incompetentes que tuvo este grandioso país.

 

 

Comenzamos a pedalear silbándole al viento y el viento nos respondía con silbidos al oído, silbidos de frío.

A nuestras espaldas el blanco mar de sal nos empezaba a hacer transpirar la vista de emoción, por no decir llorar.

 

 

Por momentos el surco en la montaña nos derribaba la moral, recién empezábamos y el corazón pedía un descanso.

Los pulmones esforzados resoplaban pidiendo oxigeno en suplicas de bocanadas tremendas.

Se mezclaba el miedo, la emoción. la adrenalina y el eterno agradecimiento a Dios.

Nos faltaban tan solo 4 kms. pero parecían más de cien.

 

 

Entre manadas de vicuñas que nos seguían curiosamente alcanzamos finalmente la estación.

Al llegar pudimos ver como las vías doblaban e ingresaban a la estación antes de zambullirse a lo profundo

del salar como un trampolín, al menos eso nos regalaba la imagen.

 

 

Una vista única de la desolación absoluta en donde por momentos parecía increíble que el hombre alcanzara

estas latitudes y sobre todo nos maravillaba que la presencia de Dios estaba en los lugares más desolados.

La prueba estaba en aquella solitaria iglesia a la derecha de la fotografía.

 


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